Santo del día 7 de diciembre. San Ambrosio.

San Ambrosio cuyo nombre significa «Inmortal» es uno de los más famosos doctores que la Iglesia de occidente tuvo en la antigüedad junto con San Agustín, San Jerónimo y San León.

 

Cuando apenas tenía 30 años fue nombrado gobernador de todo el norte de Italia, con residencia en Milán, y posteriormente, fue elegido Obispo de esta ciudad por clamor popular.

 

San Ambrosio se negó a aceptar el cargo pues no era sacerdote, pero se hicieron memoriales y el Emperador mandó un decreto señalando que el santo debía aceptar ese cargo.

 

Desde entonces se dedicó por horas y días a estudiar las Sagradas Escrituras hasta llegar a comprenderla maravillosamente.

 

San Ambrosio componía hermosos cantos y los enseñaba al pueblo; además, escribió muy bellos libros explicando la Biblia, y aconsejando métodos prácticos para progresar en la santidad.

 

Especialmente famoso se hizo un tratado que compuso acerca de la virginidad y de la pureza.

 

Además de su sabiduría para escribir, tenía el don de la diplomacia siendo llamado muchas veces por el alto gobierno como embajador del país para obtener tratados de paz cuando se suscitaba algún conflicto.

 

San Ambrosio falleció el viernes santo del año 397, a la edad de 57 años.

 

Oración de San Ambrosio para pedir ayuda

Señor mío Jesucristo,

me acerco a tu altar

lleno de temor por mis pecados,

 

pero también lleno de confianza

porque estoy seguro de tu misericordia.

 

Tengo conciencia de que mis pecados

son muchos y de que no he sabido

dominar mi corazón y mi lengua.

 

Por eso, Señor de bondad y de poder,

con miserias y temores me acerco a Ti,

fuente de misericordia y de perdón;

vengo a refugiarme en Ti,

que has dado la vida por salvarme,

antes de que llegues como

juez a pedirme cuentas.

 

Señor no me da vergüenza

descubrirte a Ti mis llagas.

Me dan miedo mis pecados,

cuyo número y magnitud sólo Tú conoces;

pero confío en tu infinita misericordia.

 

Señor mío Jesucristo, Rey eterno,

Dios y hombre verdadero, mírame con amor,

pues quisiste hacerte hombre

para morir por nosotros.

Escúchame, pues espero en Ti.

   

 

Ten compasión de mis pecados y miserias,

tú que eres fuente inagotable de amor.

Te adoro, Señor,

porque diste tu vida en la Cruz

y te ofreciste en ella como Redentor

por todos los hombres

y especialmente por mí.

 

Adoro Señor, la sangre preciosa

que brotó de tus heridas

y ha purificado al mundo de sus pecados.

 

Mira, Señor, a este pobre pecador,

creado y redimido por Ti.

 

Me arrepiento de mis pecados

y propongo corregir sus consecuencias.

 

Purifícame de todas mis maldades

para que pueda recibir menos indignamente

tu sagrada comunión.

 

Que tu Cuerpo y tu Sangre

me ayuden, Señor, a obtener de Ti

el perdón de mis pecados

y la satisfacción de mis culpas;

me libren de mis malos pensamientos,

renueven en mí los sentimientos santos,

me impulsen a cumplir tu voluntad

y me protejan en todo peligro

de alma y cuerpo.

 

Amén.

Hacer la petición y rezar el Credo,

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

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