Devocional diario

Devocional Diario

Un devocional diario para fortalecer tu relación con Dios

Devocional de Hoy

LUNES, 20 DE ENERO DE 2020

La importancia de la oración
Así que recomiendo, ante todo, que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos.
— 1 Timoteo 2:1

La oración es esencial en la vida de todo cristiano ya que sin ella no tenemos contacto ni comunión con nuestro Dios y Padre. A través de la oración compartimos nuestra vida, nuestros pensamientos y sentimientos con el Señor. En el versículo de hoy vemos la recomendación de Timoteo para que los cristianos practiquen la oración de diferentes formas en su día a día. En general, la oración puede ser de cinco tipos:

Súplicas: Pedir, clamar, implorar a Dios
Intercesión: orar por los demás
Acciones de gracias (oración de gratitud): reconocer la bondad y el favor de Dios
Confesión: Admitir nuestro pecado y culpa delante de Dios
Adoración: Glorificar a Dios por quien él es y por lo que ha hecho
En la Biblia tenemos muchos ejemplos de personas que tenían una vida dedicada a la oración: Ana, que oró pidiendo un hijo; Daniel, que aun bajo pena de muerte no cedió y continuó hablando con Dios; David, que se mantenía siempre activo en oración y alabanza al Señor; el apóstol Pablo que, aunque le habían azotado y estaba preso, oraba e intercedía por los hermanos; y el propio Señor Jesús, que se apartaba constantemente para orar al Padre.

Asume el compromiso de orar siempre por ti y de interceder por los demás.

Para orar:
Señor mi Dios, ¡enséñame a orar! Ayúdame a buscarte siempre en adoración y a anhelar pasar tiempo contigo. Te pido perdón por mis faltas, por no dedicarme a la oración tal y como debería. Te agradezco pues sé que aun siendo débil, tú me ayudas y me amas. Quiero ser un instrumento tuyo para interceder y orar por las personas a mi alrededor. Ayúdalas en sus dificultades. Padre, quédate con nosotros en este día. ¡Tu gracia nos basta! En el nombre de Jesús, oro y te doy gracias. Amén.

Devocional de Ayer

Hay vacantes en el gimnasio de Dios
Por último, fortalézcanse con el gran poder del Señor.
(Efesios 6:10)

En nuestro día a día vemos personas que van camino al gimnasio para hacer ejercicios físicos. Van con su ropa deportiva y su buena apariencia, pero muchas de esas personas aparentemente fuertes están débiles espiritualmente y frágiles psicológicamente.

Así como el cuerpo necesita ejercicio de forma regular, nuestro espíritu necesita ser alimentado y nuestra fe ejercitada. Si no nos ejercitamos nos atrofiamos, como sucede con la fe cuando no es estimulada. Por eso debemos fortalecer nuestra fe diariamente.

Entonces, ¿cómo puedo fortalecer los músculos de mi fe? De la misma forma en que un atleta debe levantar peso y trabajar al límite para mejorar en el deporte, Dios trabaja con nosotros permitiendo desafíos en nuestras vidas que nos exigen resistencia, esfuerzo y fe. El principal suplemento para nuestra fe es oír y leer la palabra de Dios.

En la Biblia nos fortalecemos en el Señor para poder soportar lo que se nos presenta para nuestro crecimiento en Cristo. Jesús es nuestro entrenador y él no coloca más peso que el que podamos soportar. Por eso debemos fortalecernos, enfocarnos y tener fe. Recuerda que él soportó todo y venció al mundo. No hay nadie más fuerte que nuestro Dios.

¡Ejercítate!
Crea el hábito saludable de leer la Biblia. Ella es el combustible que te hidratará cuando tengas sed por causa del peso que cargas.
Haz ejercicio acompañado, esto es siempre mejor. Busca estar en comunión, participa activamente en tu iglesia. Cuando compartimos nuestra fe, nos fortalecemos.
No te olvides de sudar en oración. Habla con Dios. No escatimes los esfuerzos al buscar al Señor. Él responde y ama a los que le buscan en espíritu y en verdad.
Para orar:
Señor Jesús, enséñame a crecer en tus caminos. En tu nombre está toda la fuerza y el poder. Derrama tu Espíritu en mi vida. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de Anteayer

Dios te ve más allá de las apariencias
Pero el Señor le dijo a Samuel: No te dejes impresionar por su apariencia ni por su estatura, pues yo lo he rechazado. La gente se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.
(1 Samuel 16:7)

Cuando Samuel fue a casa de Isaí para ungir a uno de sus hijos como rey de Israel, al principio el profeta observó a Eliab y pensó: «Sin duda que este es el ungido del Señor».

Samuel, a pesar de servir a Dios con excelencia, pensó que Eliab – al ser una persona de buena apariencia – sería la persona capacitada para ejercer tal función. Este tipo de juicio es común en los seres humanos, pero Dios trabaja de otra forma. Dios es capaz de escudriñar el corazón y él sabe el potencial que cada uno tiene dentro de sí.

Para Dios lo más importante es un corazón dispuesto a ser moldeado por él. El Señor capacita a quien escoge y esto fue lo que sucedió con David. Dios rechazó a Eliab y escogió al hijo pequeño «buen mozo, trigueño y de buena presencia». Aun siendo el menor de la casa Dios capacitó a David día tras día para ser un gran instrumento en sus manos.

Por eso, es importante que tengas un corazón dispuesto a recibir la instrucción de Dios sin preocuparte únicamente de las apariencias. Puede que los demás no reconozcan el valor real que hay en ti, pero Dios sabe cuánto vales. En su momento él te levantará y te capacitará. De esta forma todos reconocerán lo que Dios ha hecho en tu vida y tú mismo percibirás todo lo que has crecido gracias a la obra de Dios.

El Señor ve el corazón:
Hay ciertos desafíos que parecen ser más grandes que nuestra capacidad para afrontarlos. Acude a Dios en oración y mantén tu corazón abierto a su instrucción. Él te capacitará para vencer todos los desafíos.
Según vamos adquiriendo experiencia debemos mantener nuestros ojos y nuestros oídos atentos a Dios. Permite que tus vivencias te ayuden a estar más cautivado por el Señor.
Un corazón siempre dispuesto a aprender es una vida dispuesta a crecer en Cristo. Recuerda que Jesús vino al mundo y fue siervo. Sírvele de corazón y recibe su capacitación.
Para orar:
Señor Jesús, quiero aprender más de ti. Haz tu obra en mí. Tal vez no tenga todas las capacidades que me exigen, pero sé que tú capacitas a quien escoges. Quiero crecer bajo tu dirección. En el nombre de Jesús, amén.

Falta para la Sanación a Distancia
   

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Oración de Amor a San Pablo pidiendo ayuda

ORACIONES COMPLEMENTARIAS

Gracias Dios, tú eres digno de gran

alabanza por ser quien eres, por toda

tu creación, por la vida, la bendición.

Por la familia, por el trabajo, por la energía

para trabajar, por darnos la capacidad de

crear, de desarrollar dones y talentos,

por darnos la fuerza para ayudar y

bendecir a otros con lo que tenemos

o con lo que hacemos.

Amén.


Damos gracias a Dios porque Él abre

caminos nos da su bendición en el camino,

van nuestros pasos en paz, sin ansiedad ni

angustia porque tenemos serenidad y

confianza en que cuando le

entregamos nuestro corazón y lo

buscamos Él extiende su bendición.

Amén.

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