Un devocional diario para fortalecer tu relación con Dios

 

Devocional de Hoy Lunes

 

Hay algo mejor para amar

No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.
(1 Juan 2:15)

Cuando la Biblia menciona el «mundo» puede referirse al planeta físico donde vivimos, al conjunto de las naciones, a la raza humana o, como en este caso, al sistema corrupto de las cosas y los valores de este mundo caído.

En el versículo de hoy el amor al mundo nos habla del interés y el apego a todo lo que dá lugar al orgullo, al egoísmo y a otros pecados. El deseo y la admiración por lo atractivo del mundo se opondrán al amor y a la dedicación que debemos dar a Dios y a su voluntad.

Observa en tu vida las actividades, las ideas, los sentimientos, o los pasatiempos, todo aquello que ha tomado el lugar de Dios en tu corazón. ¿A qué dedicas más tiempo, esfuerzo y dinero? Quita los ídolos que están en tu corazón.

No está mal soñar con tener cosas mejores en la vida. El problema llega cuando esas mismas cosas se convierten en lo más importante para ti. El amor del Padre debe ser lo primero en tu corazón. Todo lo demás es una añadidura, no lo principal.

Dedica tu amor a la causa correcta:
Ora y pídele a Dios que te ayude a identificar las áreas o tendencias mundanas a las cuales te has inclinado.

Pídele perdón si sabes que has amado más al mundo que a él. Intenta vivir siempre con el objetivo de tener a Dios en el primer lugar de tu corazón.
Cuida de que las cosas simples del día a día no se conviertan en ídolos en tu vida: las relaciones, el dinero, el ocio, el estatus social, los vicios, etc.

Lee la Biblia y aprende cómo amar más a Dios. Reserva un momento cada día para leer y meditar.
No hay nada ni nadie en este mundo que merezca más nuestro amor que Dios.

Para orar:
Padre amado, te necesito. Perdóname cuando me siento tan atraído por las cosas de este mundo malo. Ayúdame a mantener los ojos firmes en Jesucristo y a amar las cosas que realmente importan en esta vida. Que el amor del Padre permanezca en mí y que yo pueda amarte por encima de todas las cosas. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de Ayer

Tesoros perdidos en casa

O supongamos que una mujer tiene diez monedas de plata y pierde una. ¿No enciende una lámpara, barre la casa y busca con cuidado hasta encontrarla? Y, cuando la encuentra, reúne a sus amigas y vecinas, y les dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la moneda que se me había perdido”.
(Lucas 15:8-9)

La parábola de la dracma o moneda de plata perdida aparece en una serie de sermones de Jesús sobre el Reino de Dios. En esas ilustraciones, el Maestro muestra de forma práctica lo preciosos que son los perdidos cuando se encuentran con su Reino.

La moneda no tiene ningún valor mientras está perdida, pero en las manos correctas será de mucho provecho para su dueño. Del mismo modo, cuando estábamos perdidos y lejos de nuestro Salvador no teníamos mucho valor en el mundo.

Mas cuando él nos encontró hubo fiesta en el cielo para celebrar el rescate sublime a través del alto precio pagado en la cruz.

La moneda perdida en casa nos hace pensar también en las cosas importantes que perdemos dentro del hogar: el diálogo, el respeto, la comprensión, la paz, la fidelidad, el perdón … En fin, ¡el amor! Son valores importantísimos que dejamos olvidados en el «cajón del rencor» o empolvados detrás de algún mueble pesado lleno de sufrimiento. Intenta encontrar esos principios importantes para ti y tu familia y no los pierdas de vista.

En Dios pasaste a ser precioso cuando tuviste tu encuentro con Jesucristo. Convierte tu casa, tu trabajo y las personas a tu alrededor en preciosas a través del cuidado y el amor que expresas por ellos.

Eres un cofre para joyas valioso
Si todavía estás perdido y sin la esperanza eterna, abre tu corazón a Jesucristo.

Ora y agradece al Señor porque el Rey de Reyes te encontró. Él te convirtió en un tesoro precioso y útil para el Reino de Dios.
Encuentra en la Biblia cuál es tu verdadero valor junto a Cristo. Léela y estúdiala cada día.

Reflexiona sobre tu casa y haz una «limpieza general». Limpia el polvo de los golpes y las amarguras del pasado, ofrece perdón y tira la basura. Reorganiza con amor y dedicación tu hogar.
Da el primer paso al reconocer el valor real de la familia. Encuentra los «tesoros escondidos» en cada persona.

Ama a las personas y usa las cosas, no a la inversa.

Para orar:
Señor Jesús, muchas gracias por haber venido a nuestro encuentro. Te alabo por haber considerado a la humanidad preciosa, al punto de derramar tu propia sangre en nuestro lugar.

Ayúdame a celebrar ese encuentro siempre con alegría y gratitud. Enséñame también a recuperar las riquezas perdidas en mi casa. ¡Restaura mi familia! En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de Anteayer

 

La exaltación viene de Dios

La exaltación no viene del oriente, ni del occidente ni del sur, sino que es Dios el que juzga: a unos humilla y a otros exalta.
(Salmo 75:6-7)

David sabía que lo más importante de todo era hacer la voluntad de Dios. El rey de Israel y de Judá reconocía que su coronación se había dado solamente por la voluntad del Padre. El hombre no es justo, y andar detrás del reconocimiento de los hombres nos lleva a la frustración.

Solamente Dios puede examinar nuestro corazón y valorar nuestro empeño. Por eso, todo lo que hagas – sea trabajo, estudio u otra tarea – debes hacerlo como si estuvieras sirviendo a Dios. Debemos buscar siempre servir con excelencia.

No te preocupes por el reconocimiento. Cuando estamos en el centro de la voluntad de Dios, la exaltación viene de él. Por eso, mantén la calma. No tengas como objetivo ser reconocido por los hombres y los sistemas. ¡Busca hacer la voluntad de Dios! Él sí reconocerá de verdad tu esfuerzo y te recompensará con la justa medida.

Exaltado por el Padre
Continúa haciendo la voluntad de Dios, da un buen testimonio.

Esfuérzate en agradar a Dios ante todo. En su tiempo, las personas lo verán y reconocerán tu conducta.
¡Imita a Jesús! Sé manso y humilde de corazón.

Para orar:
Señor, quiero aprender más de ti. Amansa mi corazón, haz tu voluntad en mi vida. Quiero alabar tu nombre porque solo tú eres digno de mi alabanza y mi gratitud. Cuida mi vida, por favor. En el nombre de Jesús, amén.

     

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