Ven, Espíritu Santo, abre mis ojos para ver la gloria del Señor.
 
Ven, Espíritu Santo

Ven, Espíritu Santo, abre mis ojos para ver la gloria del Señor.

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Ven, Espíritu Santo

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 Ven, Espíritu Santo, abre mis ojos para ver la gloria del Señor.

 

Con su invención de la línea móvil de producción, Henry Ford revolucionó el mundo industrial.

 La productividad aumentó en proporción geométrica y los costos bajaron en forma impresionante.

Pero también hubo una consecuencia inconveniente. Por concentrarse en la instalación de una sola parte del automóvil, el trabajador perdió un cierto grado de satisfacción y orgullo en su trabajo.

Todo lo que hacía era conectar una puerta o instalar un volante, y ya no podía decir que él había construido personalmente un coche. Perdía de vista la obra completa.

Algunos judíos contemporáneos de Jesús se habían concentrado tanto en las leyes y tradiciones individuales de la ley de Moisés que también habían perdido de vista la obra completa de Dios.

Por eso, les costaba tanto reconocer que Jesús fuera el cumplimiento de la ley, que él fuera la Ley de Dios en forma humana.

Nadie querría leer una carta si tuviera delante de sí a quien se la había enviado. Nadie querría leer el manual del usuario si tuviera delante de sí al desarrollador del software para contestar sus preguntas.

Así también, aquí estaba Jesús en persona delante de sus connacionales, enseñándoles acerca de su Padre.

Por sus palabras y sus obras, Cristo impartía vida a la ley. La ley ya no era sólo una serie de escrituras; ¡es una persona viva que cada uno puede experimentar!

La Escritura deja en claro que los fieles cumplimos los mandamientos de Dios gracias al Espíritu Santo que habita en nosotros, porque es el Espíritu el que escribe la Ley de Dios en el corazón; el que nos mueve a llevar una vida agradable a Dios; el que nos comunica la gracia y el poder para vencer la tentación.

Y lo más importante, el Espíritu es el que nos permite contemplar la “obra completa” de la vida cristiana.

¿Te das cuenta de por qué es tan importante la oración? En la oración aquietamos el corazón y fijamos la mirada en el Señor, y así nos hacemos sensibles al Espíritu de Dios y ahí es donde comienza a cambiar la vida.

¿Has tenido tú esta experiencia? Inténtalo, haz oración y concéntrate en la persona de Cristo, contempla su amor y considérate unido a él por la fe, la oración y los sacramentos.

“Ven, Espíritu Santo, abre mis ojos para ver la gloria del Señor.

Enséñame a seguir sus caminos y concédeme tu fortaleza para dar testimonio del amor de Dios.” 

Ven, Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo

CONSULTORIA, SANACIÓN, AMARRES Y RITUALES PODEROSOS


 

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